El Papel del Cooperativismo en el Desarrollo Regional
Roberto Fermín Bertossi
Desarrollo local, regional e institucional
Con E.F. Schumacher sostenemos que el desarrollo no comienza con las mercancías, sino con la gente, su educación, organización, disciplina y creatividad. Sin estos requisitos, todos los recursos permanecerán como un potencial latente sin descubrir, como una lozanía sin explorar y fecundar.
Hoy nuestro hombre del campo y la ciudad debe ser cada vez más eficaz, cada día más eficiente ya que le está permitido soñar y lograr progresos espectaculares como ya lo ha demostrado sobradamente. Producir no se limita a la ejecución correcta de tareas mecánicas, sino que es también dar nacimiento a nuevas ideas. Esas ideas son el combustible energético de las innovaciones.
Recordemos que existen países prósperos con una mínima base de riqueza natural y hemos tenido, abundantes oportunidades de observar la primacía de los factores inmateriales después de la guerra.
Todo país, no importa lo devastado que estuviera, pero que haya tenido un alto grado de educación, organización y disciplina, produjo un ‘milagro económico’. Con el fin de acrecentar su eficiencia y de ir más lejos aun en la búsqueda de ideas, proponemos la vía de la creatividad. De esta forma se hará producir al hombre en su totalidad, incluido su espíritu.
Un error que comete mucha gente es suponer que la única forma de hacer algo es la tradicional. Se trata de salir del capítulo cultural en que muchos nos encontramos y tomar en serio las exigencias de la creatividad, autonomía y alejamiento de estereotipos socioculturales.
Para ello se debe superar el miedo, la apatía, la pereza, la conformidad y la rutina. Ahora bien, si hablamos de promover el desarrollo, ¿qué es lo que tenemos in mente: mercancías o gente?
Si es la gente, ¿qué gente en particular? ¿Quiénes son? ¿Dónde están? ¿Por qué necesitan ayuda? Si no pueden seguir adelante sin ayuda, ¿cuál es precisamente la ayuda que necesitan? ¿Cómo hemos de comunicarnos con ellos? La preocupación por la gente genera incontables preguntas como éstas.
Las mercancías, por otro lado, no sugieren tantas preguntas. Las mercancías dejan incluso de ser algo identificable, y reconvierten en PNB, importaciones, exportaciones, ahorro, inversión, infraestructura, etc.
Basándose en estas abstracciones se pueden construir impresionantes modelos y es raro que dejen espacio para la gente. Por supuesto que la población puede aparecer en ellos, pero nada más que como una mera cantidad a ser usada como divisor después de que el dividendo, esto es, la cantidad de mercancías disponibles, ha sido determinado.
Para nosotros, el desarrollo significó el desarrollo de las materias primas, de los recursos alimentarios y de los beneficios comerciales. El Poder colonial estuvo y está, principalmente interesado, en recursos y beneficios, no en el desarrollo de los nativos lo que traduce el interés prioritario por las exportaciones y transferencias desde la colonia y no en su mercado interno.
Como vemos, según sucede, es mucho más fácil tratar con mercancías que con gente.
Para Schumacher hay tres abismos entre los que tienen, los que saben y los que viven en la ciudad...con los que no tienen, no saben y viven en el campo...(lo que provocó una absurda y costosísima separación entre industria y agricultura).
El primer problema de la ayuda para el desarrollo es cómo construir un puente sobre esos abismos. Se necesita un gran esfuerzo de imaginación, de estudio y de compasión para hacerlo.
Los métodos de producción y consumo, los sistemas de ideas y de valores que les van relativamente bien a la gente educada y rica de la ciudad, difícilmente se adaptan a los campesinos pobres y semianalfabetos. Ellos no pueden de buenas a primeras adquirir la apariencia y los hábitos de la gente sofisticada de la ciudad.
Entonces, nos parece, que si la gente no se puede adaptar a los métodos, los métodos deberán adaptarse a la gente. Este es el quid de la cuestión.
Lo dicho explica y predice escenarios posibles de países en desarrollo, en donde se pueden encontrar plantas industriales emplazadas en áreas rurales o suburbios urbanos, en las que un equipo moderno de primera categoría puede encontrarse parcialmente activo la mayor parte del tiempo debido a falta de productividad, organización financiera, suministro de materias primas, transporte adecuado, ausencia de mercados y dificultades para el marketing.
Asimismo, casi todos los denominados países en desarrollo tienen un sector moderno donde las pautas de vida y trabajo son similares a las de los países desarrollados, pero también tienen un sector no moderno que cuenta con la mayoría de la población total, donde las pautas de vida y trabajo no sólo son profundamente insatisfactorias sino que están en un proceso acelerado de decadencia.
Luce así necesario que, por lo menos una parte importante del esfuerzo por el desarrollo se concentre directamente, en la creación Vg..; de una estructura agro-industrial en las áreas rurales y en las pequeñas y medianas poblaciones.
“El nuevo pensamiento que se requiere para la ayuda y el desarrollo será diferente del viejo en que considerará seriamente a la pobreza, a los nuevos pobres. No podrá seguir adelante de modo mecánico repitiendo: “Lo que es bueno para los ricos debe ser bueno también para los pobres”.
En otras palabras, el cálculo económico que mide el éxito en términos de producción o ingresos sin ninguna consideración del número de puestos de trabajo es bastante inapropiado en las condiciones aquí analizadas, porque implica un enfoque estático del problema del desarrollo.
Un enfoque dinámico presta atención a las necesidades y reacciones de la gente cuya primera necesidad es comenzar con un trabajo que les brinde alguna recompensa, aunque sea pequeña. Porque sólo cuando experimenten que su tiempo y su trabajo tienen valor pueden interesarse en hacerlo más valioso todavía. Por lo tanto, seria preferible que todo el mundo produjese algo a que sólo algunos produzcan una gran cantidad, (Vg. soja).
Un hombre sin empleo es un hombre desesperado y se ve prácticamente forzado a emigrar. Ésta es otra justificación para afirmar que la existencia de oportunidades de trabajo es la necesidad primaria y debiera ser el objetivo básico de la planificación económica. Sin ella, el drenaje de gente hacia las grandes ciudades o al exterior no podrá ser mitigado ni menos aún detenido.
Por todo eso, al desarrollo local, regional e institucional le importa la gente desde un punto de vista muy práctico. ¿Por qué será importante la gente? Porque la gente es la primera y la ultima fuente de toda posible riqueza. Si se la dejara marginada, si es utilizada por expertos de estilo personalista y planificadores arbitrarios, nada puede dar un fruto real y humano.
Los puestos de trabajo tienen que crearse en áreas donde la gente viva ahora, no principalmente en áreas metropolitanas, que es donde la gente tiende a emigrar. Esos puestos de trabajo deben ser, por termino medio, suficientemente baratos, de modo que puedan crearse en grandes cantidades sin que ello exija un nivel de formación de capital e importaciones imposibles de obtener.
Los métodos de producción empleados deben ser relativamente simples, de modo que las demandas de altas especializaciones sean minimizadas, no sólo en el proceso mismo de producción sin también en asuntos de organización, abastecimiento de materia prima, financiación, colocación de producción, etc.
Equipos y procesos simples, comprensibles, accesibles para el mantenimiento y reparación ‘in situ’ Un equipo y un proceso simples, normalmente dependen mucho menos de una materia prima de gran pureza o de especificaciones exactas y se adaptan mucho más fácilmente a las fluctuaciones del mercado que los equipos altamente sofisticados. Los trabajadores se pueden entrenar o reentrenar más fácilmente, la supervisión, el control y la organización son más simples y existe una vulnerabilidad mucho menor a las dificultades desconocidas.
La producción debe estar principalmente basada en materias locales y en lo posible destinarse buena parte al uso o consumo local, interlocal y regional. Estos requisitos sólo podrán satisfacerse si logramos un verdadero enfoque y diseño para el desarrollo local, regional e institucional.
Nuevas Condiciones capaces de promover distintas modalidades de Desarrollo Local.
Los cambios que han conocido los modelos de desarrollo basados en la gran empresa y economías de aglutinamiento, han propiciado la aparición de economías de diversidad que han tornado relevante la movilización de recursos locales para promover desarrollo.
Estas transformaciones hacen posible la diversidad de modalidades de desarrollo y la complementariedad de economías regionales de las distintas escalas e intervenciones publicas capaces de propiciar el desarrollo local, regional e institucional con un impacto más que positivo sobre el desempleo, la pobreza y la violencia local y regional.
Sin embargo, el desarrollo hay que construirlo, a pesar de la existencia de oportunidades, de un mayor dinamismo de economías de pequeña escala y de la importancia del espacio local e interlocal.
Esto demanda la presencia de específicas condiciones en relación con la innovación, la adaptación a los mercados y la creación de instituciones específicas y redes de recursos locales e interlocales.
Cabe destacar el papel que la economía solidaria ( Vg.: cooperativas) pueden jugar en la construcción de espacios de desarrollo.
Modelos de desarrollo, formas de producción y trabajo asociado.
El tiempo en que el desarrollo se orientaba por pautas de un único modelo de crecimiento, característica especifica de economías indiferentes a los recursos del entorno, ha dejado paso a la diversidad de modalidades de desarrollo, una de cuyas condiciones más importantes es su vinculación con la gente y el territorio.
En este punto debe advertirse que los diseñadores de planeamientos estratégicos e industriales serán evaluados en la funcionalización que se convierte sin duda, en el indicador del grado de resolución integral alcanzado en el proceso de diseño y su aporte a una mejor calidad ambiental y de vida, armonizando función, tecnología y ambiente.
La mayor relevancia y protagonismo del espacio local se asocia a las economías locales basadas en la diversidad y dinamismo de la pequeña empresa y a la importancia y conservación de los recursos estratégicos que lo posibilitan.
Esta recuperación tiene su origen, unas veces en la descentralización productiva, en la nueva organización del proceso de producción basado en la división del trabajo entre empresas y la cooperación interempresarial; otras veces pero su origen, se encuentra en iniciativas empresariales locales.
Unas y otras, en cualquier caso, responden a la necesidad de diversificar la producción como aproximación a la variedad de los mercados. Por ello se hallan estrechamente ligadas a ese marco local, económico, social y cultural, hasta caracterizar la estructura productiva de esas economías.
La articulación y redes de empresas, el mercado local del trabajo, la innovación continua y la mayor y mejor cualificación del trabajo confieren un renovado protagonismo a las iniciativas empresariales de pequeña escala (Art.23 Ley 24.467).-
Igualmente se ha revalorizado en este proceso el papel del entorno como condición de los procesos económicos y de industrialización. Ha introducido en el análisis del desarrollo, muchas veces exclusivamente económico, el concepto espacial, entendido como la elevada interacción existente entre actividad económica y sistema de valores locales.
Ello conduce, por tanto, al entendimiento de una heterogeneidad de modelos locales de desarrollo, esto es, a la existencia de una diversidad de opciones a seguir y a la especificidad económica, cultural y social, como rasgos definitorios de esas modalidades de crecimiento, y ello, frente a la uniformidad que supo caracterizar el modelo de industrialización, desarrollo y crecimiento anterior.
El espacio local para el desarrollo, viene a ser el conjunto de interdependencias de orden productivo y sociocultural existentes en el ámbito local y microregional.
Sobre estas interdependencias se sustentan estrategias diferenciadas de desarrollo, de técnicas y organizaciones productivas diversificadas y de las diversas iniciativas autónomas de trabajo, como nuevos procesos económicos basados en los recursos, inversiones, iniciativas y creatividad local.
Todos ellos ponen de manifiesto la estrecha relación existente entre economía, entorno y empresariado local y regional como elementos estructurales de los sistemas productivos actuales de pequeña escala y las formas de innovación a ello asociados, potenciado este factor por una creciente concientización relativa al tema en cuestión.
Así, junto a la creciente imbricación productiva entre empresas locales y regionales, se suma la cada vez mayor diversidad y multiplicidad de actores económicos, la formación progresiva de un mercado del trabajo, una mayor capacitación profesional y las formas de innovación que ello supone; la emergencia de un mercado y, finalmente, la novedosa y creciente intervención de las instituciones (Vg.: municipios) en la economía local.
Aparecen todas ellas como otras tantas dimensiones estructurales de los modelos locales y regionales de desarrollo en formación y de su elevada incidencia en la organización productiva de tecnología flexible y pequeñas unidades de producción, ahora recuperadas.
Es que un genuino enfoque regional o de distrito para el desarrollo, requiere de una tecnología apropiada para que un puesto de trabajo resulte productivo dentro del entorno local y en consecuencia se adecue a un distrito formado por áreas rurales y pequeñas o medianas poblaciones.
Desde esa perspectiva, la nueva organización del sistema productivo torna relevante y otorga un renovado protagonismo a la pequeña empresa. Ahora bien, la reestructuración productiva actual se basa en gran medida en el retorno de la pequeña empresa, entendida aquí como red de microempresas. Se trata de una diversificación interna que sigue a la reorganización de las grandes unidades de producción, comercialización, tecnología y de servicios.
Es un proceso que requiere también, tierras suficientes como para constituir nuevos espacios productivos, dando lugar a una infraestructura de descentralización del desarrollo vinculado a la división del trabajo entre empresas.
Es, con frecuencia, la forma que reviste en estos momentos de reestructuración la recomposición de los procesos productivos. La estrecha interacción con el entramado de recursos humanos, naturales, sociales, económicos, culturales e institucionales locales e interlocales regionales, facilita que la producción se inserte en el ambiente económico y social local.
Pierde peso así, la centralidad de la fábrica como espacio privilegiado de producción, indiferente al entorno y da lugar a la formación de tejidos productivos diversos y espacios empresarios virtuales. Lleva consigo en consecuencia, un efecto dinamizador para los espacios locales.
Las distintas fases del proceso de producción aparecen ahora distribuidas entre distintas empresas, pequeñas y medianas, las que se reservan la producción global y aquellas otras, - famiempresas, empresas personales, miniempresas, talleres, etc.- que comparten fases de ese mismo proceso, origen frecuente de los fenómenos de difusión industrial y descentralización productiva.
El nuevo conjunto productivo, configurado por empresas de distinta escala, pone de relieve una de las dimensiones de la complementariedad necesaria al desarrollo en las economías industriales: la pequeña industria descentralizada e interdependiente, las iniciativas locales empresariales y la gran empresa establecen distintas modalidades de producción, que no necesariamente habrán de ser contradictorias, sino compatibles.
Esta prospectiva del desarrollo local evidencia la diversidad y multiplicidad de los resortes de crecimiento asociados al mayor dinamismo de la pequeña empresa en el momento actual.
También, puede ayudar a relativizar y centrar la concepción de desarrollo local hasta ahora vigente y más aun, abrirnos el horizonte dejándonos ver las posibilidades de desarrollos intermunicipales y regionales.
Los cambios apuntados respecto a la organización productiva y territorial de la gran empresa han abierto, así, nuevas perspectivas al desarrollo local e interlocal. La descentralización productiva y la dinamización del espacio local posibilitan la promoción del desarrollo desde distintas escalas:
Abre otras posibilidades a la gran empresa para contribuir al desarrollo de los distintos espacios económicos.
Confiere mayor protagonismo a las economías de pequeña escala, diversificándolas más en el territorio.
Devuelve el protagonismo al espacio local y revaloriza su potencial de recursos humanos y naturales para la promoción del desarrollo.
Aporta elementos para la reducción de las desigualdades naturales y desequilibrios generados en los distintos espacios locales e interlocales.
Hasta aquí, se han expuesto situaciones pertenecientes a cambios estructurales, que encierran posibilidades reales de desarrollo humano, desde la conjunción de decisiones económicas de distinta escala.
Estos procesos, sin embargo, no generan por sí mismos desarrollo local o interlocal regional sino que hay que promoverlo políticamente con lo que nos estamos refiriendo a la necesidad de la intervención publica, preferentemente municipal e intermunicipal (obra pública), también nos referimos a la reversión del circuito de la coparticipación de Nación, Provincias Municipios a Municipios, Provincias Nación cosa que, en justicia y eficiencia antiburocrática, nunca debió ser de otro modo.
Ahora bien, es necesario acotar también que la promoción de estos desarrollos locales debería complementarse con iniciativas privadas, siendo válido acotar que para ambos actores o figuras (ámbito de la función pública y privada) la base o raíz para llegar a semejante grado de visión de progreso local/regional proviene de un proceso de educación conceptual que necesariamente insume períodos de tiempo que van más allá del corto plazo, educación que de modo imprescindible debe un sólido basamento ético si se quiere garantizar un éxito sostenido en el futuro.
En consecuencia, esa complementariedad a la que se alude requiere de una articulación entre los distintos ámbitos, entre los distintos actores que promueven estrategias de desarrollo.
La movilización de recursos humanos y naturales en el espacio local e interlocal y la multiplicación de resortes económicos, financieros y tecnológicos, exigen que el desarrollo sea la conjunción y coordinación entre economías de escala y economías de diversidad que confluyen en territorios específicos. Desde tal punto de vista, la complementariedad es una de las condiciones básicas para promover desarrollo y crecimiento equitativo.-
La generación (fideicomiso de bienes municipales) y reorientación de la gestión publica de los recursos locales juega en este contexto, un papel más que importante para promover iniciativas de desarrollo.
Sólo serán iniciativas de desarrollo desde una concepción integrada, tanto si se promueven por la contribución de la pequeña empresa, como por la de las economías de escala, de manera que al generar riqueza consoliden un tejido empresarial local equitativo e iterativo.
Esta reorientación de la gestión pública reduce el carácter asistencial de los recursos públicos (municipales) a favor de una inversión activa y eficiente que promueve capacidades endógenas de y en esos espacios, como diría SEN los derechos como capacidades.
La movilización de los resortes propios de los distintos espacios presupone la conjunción de estrategias públicas y privadas, independientemente de su escala o nivel.
Resultado de esta movilización es la comprensión de los espacios de desarrollo como lugares en los que confluyen de forma cambiante elementos de atracción, oportunidades económicas, redistribución de recursos y cuantos elementos contribuyan a su generación y encuentros. Se trata de una concepción abierta del desarrollo, que supera desde esta perspectiva lo que de negativo tiene la concepción cerrada del desarrollo, propia del modelo de crecimiento vinculado a las economías de aglutinamiento basadas sólo en la gran empresa y el crecimiento también concentrado, sin una justa distribución que se corresponda con un justo, digno y equitativo desarrollo humano (art. 75 inc. 19 y cc. de la C.N.).
El enfoque local, regional o de distrito
Regionalismos globales
También, si hablamos de regionalismo en sentido más amplio, podemos extraer algunas ideas macro, una prospectiva global a desarrollar en lo local. En efecto, para la UE la integración europea es una promesa de estabilidad, prosperidad y poder, promesa mantenida desde hace mas de medio siglo y que se tiene la intención de extender a los países candidatos y emergentes para que sea la de todo un continente, por fin unificado.
La integración comunitaria responde en efecto al dilema de Europa; demasiado grande para formar un estado unificado y, demasiado pequeña para estar dividida.
El regionalismo es también una oportunidad para los países del Sur que se adentran decididamente en esta vía como el Mercosur.
La convergencia Norte-Sur de la que algo se sabe en Europa, no es el resultado automático de una zona de libre comercio. Precisa el complemento de políticas estructurales y una firme solidaridad financiera Norte-Sur.
Sería de temer que el mundo se organizase en grandes placas tectónicas comerciales dominadas cada vez más por grandes países industrializados. Sería también de temer que esas placas acabasen chocando unas con otras.
Finalmente, regionalismos sí, en plural, pero en un marco multilateral robusto basado en el derecho internacional y no en relaciones de fuerza.
Regionalismos locales
Una unidad política no es necesariamente el tamaño correcto para que el desarrollo económico beneficie a aquellos cuya necesidad es más grande.
En algunos casos puede ser demasiada pequeña, pero en la generalidad de los casos es hoy demasiada grande.
Tomemos por ejemplo el caso de China o de la India. La India es una unidad política muy grande y desde muchos puntos de vista no podemos menos que desear que esta unidad se mantenga. Pero, si la política de desarrollo se ocupa sólo o principalmente de =La-India-como-un-todo”, la corriente natural de las cosas concentrará el desarrollo en algunas áreas metropolitanas, en el sector moderno.
Vastas áreas del país, que contienen el 80 % más de la población, se beneficiaran muy poco y ciertamente pueden sufrir. De aquí los dos males: el desempleo masivo y la migración masiva a las áreas metropolitanas.
El resultado de ‘este’ desarrollo es que una minoría privilegiada ha incrementado grandemente sus fortunas, mientras que aquellos que realmente necesitan ayuda quedan más desamparados que antes. Si el propósito del desarrollo es brindar ayuda a aquellos que más la necesitan, cada municipio, región, partido o distrito dentro del país, necesita su propio desarrollo.
Esto es lo que queremos decir por un enfoque local y regional.
Otro ejemplo puede tomarse de Italia, un país relativamente rico. El sur de Italia y Sicilia no se desarrollan como resultado del crecimiento económico en “Italia-como-un-todo”. La Industria italiana esta concentrada principalmente en el norte del país y su rápido crecimiento no disminuye, sino que, por el contrario tiende a intensificar el problema del sur. La competencia desde el norte destruye la producción del sur y lo vacía de todos sus hombres talentosos y emprendedores.
Para contrarrestar estas tendencias es necesario hacer esfuerzos conscientes, porque si la población de una región de un país determinado es ignorada por un programa de desarrollo, esa región llega a estar en peores condiciones que al principio, siendo arrojada al desempleo masivo y forzada también a una masiva migración.
En estos asuntos, es cierto, no es bueno dar definiciones rápidas y contundentes. Mucho depende de la geografía y las circunstancias. Unos cuantos miles de personas, sin duda alguna seria demasiado poco -o no- como para constituir ‘distrito’ para el desarrollo económico, pero unos cuantos cientos de miles de personas, aún muy dispersas geográficamente, pueden muy bien merecer el ser tratadas como tal.
Suiza esta dividida en más de veinte ‘cantones’, cada uno de los cuales es como un distrito de desarrollo, con el resultado de que hay una población y una industria bastante bien distribuidas y no existe una tendencia a la formación de excesivas concentraciones.
Resumiendo, cada ‘distrito local o interlocal’ idealmente hablando, debería tener algún grado mínimo de cohesión e identidad interna y debería poseer por lo menos cierta población que sirva como centro del distrito, distrito que tiene necesidad de una estructura cultural, económica, tecnológica y ambientalmente adecuadas.
Iniciativas de ocupación, empleo y trabajo asociado.
Economías de pequeña escala, sistemas de producción flexible y entorno de recursos en que se desarrolla la actividad, recuperan un papel relevante como consecuencia de la descentralización productiva, la mayor interdependencia entre las empresas y las nuevas formas de empleo y trabajo asociado.
Estas estrategias de desarrollo y proyectos empresariales que antes parecían utópicas hoy se presentan como economías viables. No se podría llegar, no obstante, a la conclusión de un mayor protagonismo ahora reservado al desarrollo local y a la pequeña empresa como resultado exclusivo y de carácter inevitable de la reestructuración de las economías desarrolladas.
Las posibilidades de desarrollo basado en otra escala no es el efecto sólo de la reforma de la gran empresa. o, -en algunos casos- de su fracaso como modelo perenne.
Tampoco la comunidad industrial es el aglutinamiento simple de pequeñas empresas descentralizadas, efecto de la reorganización del sistema productivo.
Requiere, asimismo, su construcción. Es decir, depende de especificas condiciones económicas y socioculturales, como la experiencia de los distritos industriales en otros modelos ha venido a poner de manifiesto.
Las condiciones necesarias para promover desarrollo local e interlocal y las iniciativas a ellas asociadas, así como para dinamizar las nuevas formas empresariales que posibilita la tecnología industrial de especialización flexible, están vinculadas al medio en que se desenvuelven.
Condición fundamental para la consolidación de estas nuevas formas de economía, es promover estructuras que refuercen los vínculos económicos entre las empresas y entre éstas y el ambiente local. Estas estructuras deben facilitar:
La adopción flexible de tecnologías de amplia aplicación
En efecto, la tecnología debe ser flexible toda vez que se trata de economías orientadas a mercados específicos que requieren de una adaptación continua.
Disponer de una tecnología intermedia –reitero- se adecuaría mucho más fácilmente al entorno relativamente simple en el cual ha de ser utilizada. El equipo sería bastante simple y por lo tanto comprensible, adecuado para el mantenimiento y la reparación ‘in situ’.
Un equipo simple normalmente depende mucho menos de una materia prima de gran pureza y de especificaciones exactas y se adapta mucho más fácilmente a las fluctuaciones del mercado que los equipos altamente sofisticados.
Los trabajadores se pueden entrenar y reentrenar más fácilmente, la supervisión, el control y la organización son más simples y existe una vulnerabilidad mucho menor a las dificultades desconocidas.
Se trata de producir bienes especializados mediante recursos generales, lo que reclama una reorganización permanente de la producción, una mayor cualificación del trabajo y una más amplia comprensión del proceso global. Este proceso es lo que hace que la innovación sea una característica asociada a estas economías, basando en esa innovación permanente, su competitividad.
Una relación más estratégica, situacional e iterativa con el mercado local.
No obstante, la innovación no sería suficiente para promover por sí misma la viabilidad y competitividad de la pequeña empresa y el trabajo asociado o autónomo. Vendría determinado por su mayor adaptación al mercado local, capaz de generar una variedad de productos para mercados diversificados y de alterar permanentemente la producción de bienes. Este tipo de economía más flexible sería así resultado, de su mayor adaptación a las exigencias del mercado.
La conformación de instituciones municipales, entes comunales, sinergias con otras organizaciones intermedias –cooperativas, consorcios camineros, etc.- y la movilización de recursos (empezando por los ociosos) en el ámbito local, recurriendo a oportunas y adecuadas alianzas con anticipación y sorpresa.
La creación de instituciones y movilización de recursos en el ámbito local.
Finalmente, la difusión de la especialización flexible dependerá de la creación de instituciones y movilización de recursos locales. Su finalidad es resolver los problemas económicos asociados al crecimiento por aplicación de esa tecnología.
Las Instituciones comunitarias tienen como objetivo equilibrar la cooperación y la competencia necesarias entre empresas, capaz de sustentarla en la innovación.
Se trata de instituciones locales con origen muchas veces en iniciativas de desarrollo -públicas y descentralizadas- orientadas a la creación de un entorno de recursos estratégicos. Esos recursos son los que permiten una innovación en los procesos y en los productos, sustentada en la acertada combinación de cualificaciones y organización del trabajo.
Esta estrategia de construcción de un entorno económico nuevo se materializa en la consecución de los siguientes objetivos: 1) desarrollo de un mercado local; 2) promoción de tecnologías flexibles, trabajo cualificado y polivalente e innovación y creatividad empresarial; y, 3) una estructura institucional y una red de recursos locales y regionales.
Todo ello viene a ser el tipo de respuesta apropiado para promover desarrollo a partir de procesos tales como la descentralización productiva, la importancia de la pequeña empresa o formas empresariales que, como la economía informal, ponen mas de manifiesto los efectos de la desestructuración reciente que la imagen de opciones económicas viables.
En cualquier caso, el desarrollo no puede promoverse solo a partir de la nueva situación creada por la reorganización del proceso global del trabajo en las empresas de todas las escalas, tipos y clases. Las posibilidades de relanzar el crecimiento son fruto tanto de la oportunidad de este tipo de economías para el desarrollo, como de la construcción de un ambiente de valores comunitarios, de instituciones y recursos en el medio local, atesorando los valores de la vecindad, territorialidad e inmediatez que caracterizan a los medios locales y dada la dependencia de estas formas de empresa, particularmente microempresas o pequeñas empresas, de la existencia de una comunidad industrial.
En esa estrategia comunitaria local, una de las posibilidades que tiene esta economía, es la de contrarrestar las tendencias del liberalismo de mercado y asimismo resignificar la revalorización de la pequeña empresa y el acceso a la misma como salida a la crisis del trabajo. Se trata de una estrategia que es capaz de transformar la competencia en cooperación y la economía en sociedad logrando una fusión entre ciencia y economía, entre cultura solidaria y producción.
Perspectiva económica solidaria para el desarrollo local, regional e institucional
Oportunidades y condiciones constructivas.
El sector de economía solidaria por su trayectoria es ya una referencia obligada para la construcción y vertebración de polos productivos, grupos empresariales y nuevas formas de trabajo independiente asociado. A su vez posee cierta capacidad de orientación de los impulsos de crecimiento y libertad económica, solidaria y democrática, en orden al desarrollo y al crecimiento del empleo a partir de una nueva cultura del trabajo que le es propia, como, por ejemplo, la de la cooperativa de trabajo y producción.
Este sector encuentra en la reestructuración económica y social actual, condiciones nuevas para su desarrollo en relación, entre otras, con dos dimensiones esenciales a la misma.
Por un lado, la vocación de la economía solidaria para articular un espacio de creación de fuentes de ocupación, trabajo y riqueza. Por otro, la orientación de la mejora a valorar y primar antes el trabajo que la consecución de beneficios económicos.
Efectivamente, así lo pone de manifiesto la mayor relevancia del espacio social y local para la producción, junto a la importancia de una organización productiva basada en la asociación y cooperación empresarial de pequeñas unidades empresariales, PYMES y cooperativas y, en la recuperación de la innovación y cualificación para el trabajo en el momento actual.
En efecto, el desarrollo económico y social va estrechamente asociado a las transformaciones del sistema industrial en relación con la organización productiva y las nuevas condiciones de trabajo asalariado o trabajo empresario cooperativo.
Transformaciones que han venido a definir las oportunidades y condiciones en que es posible hoy construir y potenciar al sector de la economía solidaria, relanzándola con un shock laboral productivo
Al carácter utópico y a veces voluntarista que iba vinculado la economía solidaria, sucede un sistema que puede hacer más viable la construcción de economías de carácter social.
Así lo pone de manifiesto la generalización de la pequeña empresa, las cooperativas, las iniciativas locales de ocupación y el más probable desarrollo de los distritos industriales locales e interlocales.
Procesos todos ellos que han venido a relativizar el carácter predominante de las economías de escala y la producción en serie como únicas formas de progreso posible. Asimismo, han hecho de la pequeña empresa, cooperativas y otras formas de trabajo asociado, una opción realista de economías viables, negando en los hechos, el carácter utópico que acompaño hasta ahora a la economía solidaria.
Pero al igual que el desarrollo local e intermunicipal basado en el pequeño taller, la pequeña empresa rural y urbana, las PYMES y las cooperativas, la economía solidaria depende para su consolidación como economía viable, de su construcción y de la existencia de recursos locales y regionales, esto es, de estructuras comunitarias locales e interlocales, como Vg.: los entes intercomunales, integración de cooperativas, organización y cooperación entre PYMES, etc..
Esta estrategia, junto con la inteligencia de nuevos mercados y la innovación permanente, son condiciones principales para la consolidación de modelos de desarrollos locales, en los que juega un papel significativo la economía solidaria. Ésta, si bien encuentra en estos recursos del sistema local mayores posibilidades de desarrollo, no surge de manera espontánea sino que es preciso promoverla.
De importancia para la construcción de la economía solidaria, desde la perspectiva del desarrollo local, es la consideración de diferentes procesos:
la recuperación de las relaciones –reitero- entre economía y sociedad, entre ciencia y economía y entre cultura solidaria y producción, que otras opciones de crecimiento vinieron a disociar, esto es, la restitución de los lazos que vinculan el desarrollo económico a específicas condiciones sociales locales y microregionales.
las formas de economía basadas en la pequeña empresa, al depender para su desarrollo de la comunidad local e interlocal, dan lugar a una mayor interrelación productiva entre actividad economía y sociedad.
los recursos necesarios a estas formas de economía requieren de la creación de instituciones que faciliten la cooperación entre las empresas a la vez que fomenten y coordinen la innovación y asimilaciones tecnológicas posibles.
En este sentido, el suministro municipal e intermunicipal de infraestructura, de promoción de parques industriales y polos productivos, la cooperación asociativa entre empresas y la utilización conjunta de servicios, constituyen elementos de desarrollo de estas formas de economía, a la vez que promueven desarrollo local.
El comportamiento de los sistemas flexibles de producción y trabajo es portador así de dinámicas nuevas que estimulan tanto el desarrollo local como regional.
Una inversión de la relación tradicional entre el trabajador y los instrumentos de producción, en el sentido de recuperar cualificación frente a la especialización impuesta tradicionalmente por la producción en serie taylorista, prácticamente superada.
Esta economía basa en el trabajo cualificado su competitividad por su capacidad de adaptación a la innovación, devolviendo así al operario la iniciativa en relación con el trabajo, tanto con el proceso y los medios de producción, como con el producto y, también por su integración a la comunidad local y regional, al vincular la adquisición de cualificaciones para el trabajo en estas economías a la pertenencia a una especifica comunidad industrial.
Se trata del resurgimiento de una producción basada en un equipo flexible y polivalente de trabajadores cualificados, capaz de generar un nuevo modelo de relación con el puesto de trabajo.
A la vez, amplía la autonomía y el uso discrecional de los medios de producción por parte del trabajador, restituyéndole la capacidad creativa como elemento principal de su aportación racional, y ambientalmente sustentables, a la producción y al desarrollo local, regional e institucional consolidando fuertes “Entes regionales intermunicipales”.
Espacio local y economías externas
Los diversos procesos industriales que se vienen observando no impiden conjeturar al menos, una posible quiebra del modelo territorialmente concentrado.
En efecto, siendo innecesarias las economías de escala a nivel de producción -esto es, de modelos concentrados de producción propios de economías de aglutinamiento- la descentralización de procesos productivos económicamente eficientes en cada área sería posible, sólo tras la evaluación de las ventajas de los costos relativos de los factores locales e interlocales utilizados por economías, fundamental -pero no exclusivamente- exógenas.
Entre esos costos relativos de los factores locales, son de destacar, los correspondientes a la revisión de infraestructuras, simplificación administrativa, tratamiento impositivo, los servicios territoriales de apoyo a los procesos productivos, etc.
También deben considerase las ventajas asociadas a ciertos factores no económicos, como pueden ser los aspectos ambientales y culturales.
El espacio local en este sentido, es competencia de empresas externas a ese mismo espacio que aprovechan las economías territoriales, locales y regionales, pero no siempre lo hacen con responsabilidad social.
Si bien este modo de industrialización daría pié más adelante a sinergias con los recursos locales, interlocales, regionales e institucionales, por ahora la hipótesis de trabajo es la utilización discrecional del espacio territorial como contenedor de procesos productivos controlados desde fuera de lo local.
Modelos de desarrollo y territorio
El desarrollo, generación y dinamismo de la micro y pequeña empresa fue y es expresión, sobre todo, de la descentralización productiva, segmentación del mercado del trabajo y diferenciación de los mercados de productos.
A pesar de ello, se ponen de manifiesto dos hechos significativos: 1) la diversidad de modelos de desarrollo local frente al modelo concentrado y uniforme; y, 2) la importancia de la dimensión territorial para el desarrollo local.
Economía informal e iniciativas locales
El fenómeno de la economía informal es el que pone de manifiesto la necesidad de seguir caminos diferentes y originales de desarrollo, frente a la importancia del fenómeno señalado de la micro y pequeña empresa.
Y esta necesidad surge por la transformación del trabajo tras la crisis estructural del empleo y las formas precarias que reviste hoy la ocupación asalariada.
En efecto, la crisis económica e industrial como la del modelo de crecimiento de los 90’, puede tener efectos de desindustrialización, de quiebra generalizada de la relación salarial y, por tanto, de desempleo estructural y aparición de formas flexibles y precarias de relación laboral, como fenómenos, todos ellos, asociados a la perdida de centralidad del empleo.
En ese contexto y al lado de sectores que pudieran comenzar a integrarse en procesos tecnológicamente desarrollados y altamente productivos, apareció en el ámbito local e intermunicipal el fenómeno nada homogéneo de la economía informal, fenómeno, muchas veces, asociados a los procesos de industrialización difusa.
Así, iniciativas locales, nuevas formas de autocreación de trabajo –microemprendimientos, microempresa, famiempresa, institucionalizadas por las leyes 24467 y 25300-, revitalización de formas tradicionales de economía no convencional –compras en común, huertas comunitarias, trueque, etc.-, como nuevas formas de producción y empleo -no siempre eficientes- desde la economía convencional, pero altamente rentables en el marco de la economía informal y del mercado secundario de trabajo, han venido a ser fórmulas alternativas desde el punto de vista socio-productivo.
Todas ellas, a la vez que tratan de superar concepciones rígidas del trabajo, son formas inéditas de construcción de la identidad social y comunitaria, capaces de producir y articular una nueva cultura del trabajo y de la empresarialidad, abriendo nuevas perspectivas al desarrollo local, regional e institucional.
Actividad económica, cultura social y sistema de valores locales
La posibilidad del fenómeno de desarrollo local, regional e institucional pone de manifiesto, ante todo, la estrecha relación existente, desde una perspectiva local entre ‘actividad económica, cultura social o sistema de valores’.
Esta dimensión es mucho más relevante para el desarrollo local -cuando no, elemento central del mismo-, que la oportunidad que significa la presencia en los espacios locales de factores de localización con relación a la rentabilidad económica.
Entre estos figuran los recursos locales, infraestructura, impuestos, simplificación administrativa, información, transporte, comunicaciones y servicios territoriales de apoyo a los procesos productivos que determinan finalmente la producción económicamente eficiente en cada área o lugar.
En efecto, para el desarrollo local es mucha más importante el conjunto de variables económicas, sociales y culturales que con el transcurso del tiempo son las que en definitiva condicionan la estructura productiva social local.
Pero también han de tenerse en cuenta las relaciones entre las empresas, los recursos humanos y las capacidades profesionales existentes en el ámbito local y regional, así como los comportamientos de los actores sociales frente al trabajo y a las alternativas de reconversión.
Todo ello posibilitaría en su conjunto estrategias económicas diversas y técnicas productivas y organizativas diferenciadas, las cuales son capaces de configurar modalidades de desarrollo específico en el ámbito local.
El tejido de interdependencias productivas, socioculturales e institucionales que se pueden establecer en el ámbito local se situaría en la base del sistema económico local y caracterizaría de manera definitiva una estructura productiva necesaria y funcional al espacio del desarrollo local, regional e institucional.
Ese enramado puede mostrarnos y demostrar en toda su complejidad la interrelación existente entre mercado, cultura, economía, ciencia y políticas sociales locales, como contexto de la micro-pequeña empresa y cooperativas de trabajo y producción, mostrarnos también una nueva cultura del trabajo, de la empresarialidad y de su necesaria construcción social.
El espacio del desarrollo local viene a ser ese estado de cosas en el que está emergiendo una cultura productiva y empresarial de nuevo cuño, que nos puede conducir a otros modos de trabajo y a otros modelos de empresas, como construcción social de un nuevo ambiente productivo y cultural, en relación con el trabajo, la ocupación y las nuevas iniciativas empresariales.
Este proceso haría posible, por ejemplo, el paso de una supuesta situación de empleo razonable con bajo índice de desocupación a una situación en la que predominaría el trabajo elegido; el cambio de estatuto de la persona hasta ahora empleada a la persona ocupada.
Si a nivel del conjunto de las sociedades desarrolladas se puede afirmar hace ya tiempo que el crecimiento es el resultado de un conjunto de factores sociales, más que de la acumulación de capital solamente, dependiendo este crecimiento hoy, más del conocimiento y la innovación -esto es, de la capacidad de cada sociedad para crear creatividad-, ello mismo se puede decir, con toda propiedad, de las condiciones de desarrollo del espacio local, regional e institucional, como tantas experiencias lo ponen –y lo pueden poner- de manifiesto.
Conclusiones preliminares
Con E.F Schumacher decimos que la preocupación central de cualquier política o programa de desarrollo debe ser la creación de oportunidades de trabajo para aquellos que, estando sin trabajo, son usuarios y consumidores en el nivel miserable que sea, sin contribuir nada al fondo de ‘bienes de consumo’ o de ‘capital’.
La producción de un obrero desocupado es nula, mientras que la producción de un obrero escasamente equipado puede ser una positiva contribución tanto para el capital como para los bienes de consumo.
La distinción entre los dos no es de ninguna manera tan definitiva como los economistas están inclinados a pensar o pronosticar, porque la misma definición de ‘capital’ depende decisivamente del nivel de tecnología empleado.
La ‘economía dual’ en los países en desarrollo va a permanecer en un futuro previsible ya que el sector moderno no estará en condiciones de absorber a la totalidad y esto resulta todo ‘una ventana de oportunidad’ para el desarrollo local, regional e institucional que puede revertir favorable y satisfactoriamente las condiciones más postergantes para un desarrollo integral, justo, digno y equitativo.
En efecto, si el sector tradicional no es objeto de esfuerzos de desarrollo especiales, continuará desintegrándose y esta desintegración continuará manifestándose en el desempleo masivo y una migración similar a áreas metropolitanas y así entonces, todo esto enrarecerá aún más la vida socioeconómica del sector moderno también.
Lo que los pobres migrantes precisan sin demora más que nada, son cosas simples: materiales de construcción, ropa, artículos para el hogar, útiles artesanales o agrícolas, huertas, flores, frutales, pequeñas granjas (Vg.: en tierras fiscales, espacios vacíos allende a caminos y rutas, etc.) y un mejor pago por sus productos. También necesitan un hábitat arreglado a la condición humana y facilidades para almacenar cereales, para realizar ferias francas regionales, etc. Con esa mirada, la mayoría de las poblaciones, Vg., agrícolas, mejorarían inmensamente si ellas mismas pudieran hacer las primeras fases del procesamiento de sus productos y todos estos, son campos ideales para la tecnología intermedia, afirma E.F. Schumacher.
Los pobres pueden y deben ser ayudados a ayudarse a sí mismos, pero sólo poniendo a su disposición una tecnológica que reconozca el marco y las limitaciones de la pobreza, esto es, una tecnología intermedia.
La aparente escasez de empresarios locales en muchos países en desarrollo es precisamente el resultado de una tecnológica sofisticada introducida en un medio ambiente simple, escasamente informado y capacitado.
Si continuamos pensando en el desarrollo en términos cuantitativos principalmente y en esas vastas abstracciones tales como inversiones, ahorro, etc., utilizamos unas herramientas inadecuadas -ya que aquellas que tienen su utilidad en el estudio de los países desarrollados-, los resultados no tendrán virtualmente ninguna relevancia en el problema del desarrollo como tal.
En cambio, la introducción de una tecnología intermedia, apropiada, no sucumbiría probablemente ante una escasez de capacidad empresarial, ni haría disminuir el reclutamiento de empresarios para el sector moderno. Por el contrario, ayudaría sin ninguna duda a incrementar la oferta de talento empresarial difundiendo entre la población entera la familiaridad con métodos de producción sistemáticos y técnicos.
A modo conclusivo y dejando a salvo las consideraciones territoriales, espaciales, culturales, de modelos o estrategias, la verdadera ayuda al desarrollo tanto en países pobres como en aquellos ricos y una ayuda fructífera, sólo puede considerársela tal si moviliza la fuerza laboral de las masas y eleva la productividad '‘sin ahorrar mano de obra” como las modernas bodegas cuyanas, embotelladoras o fabrica de lácteos, panificadoras, industrias plásticas, automotrices, en donde la robótica aniquiló y aniquila, progresivamente, puestos de trabajo sin ninguna alternativa de reconversión o reinserción laboral como lo denuncian los elevadísimos índices de desocupación e indigencia.
Como decíamos, la educación oportuna y la complementariedad pueden ayudar a lo primero e impedir lo segundo.
El desarrollo es algo mucho más amplio y mucho más profundo que la economía o la tecnología. Sus raíces se extienden más allá de la esfera económica, en la educación, la organización, la disciplina y, por encima de todo, en la independencia política-económica y en una conciencia nacional de confianza en las propias fuerzas. No puede ser producido por habilidosas operaciones de injerto practicadas por técnicos extranjeros o por una elite nativa que ha perdido todo contacto con la gente ordinaria.
El desarrollo solo puede llegar a tener éxito si se practica como ‘un movimiento de reconstrucción’, con énfasis principal en la utilización plena de la energía, el entusiasmo, la inteligencia y la capacidad de trabajo de cada uno.
El éxito no se puede obtener a través de alguna forma de magia producida por científicos, técnicos o planificadores económicos. Sólo puede producirse a través de un proceso de crecimiento que incluya la educación, la organización y una sobriedad compartida por toda la población.
Cualquier enfoque de desarrollo que olvide estos factores terminará en fracaso y obviamente, malogrará sus objetivos.
Las posibilidades y realizaciones que contienen genuinos desarrollos locales, regionales e institucionales, al privilegiar dichos factores, pueden permitir alcanzar y lograr los mejores objetivos y ser centrifugados y esparcidos por el mejor desarrollo humano posible.
Notas
Este trabajo sigue en sus lineamientos fundamentales a E.F. Schumacher: “Lo Pequeño es Hermoso” Ed. Orbis, 1983 y, Cuadernos de Desarrollo Local, IRMASA, Madrid, 1991.
Fuente: Tomado de Red Bioetica http://www.bioetica.org
Publicado en Revista Futuros No 13. 2006 Vol. IV
Fuente: http://www.revistafuturos.info