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EL COMPROMISO SOCIAL DE LAS UNIVERSIDADES DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
Enviado el Jueves, 10 junio a las 14:49:42 por admin
Soc. de la Información

El Compromiso Social de las Universidades de América Latina y el Caribe

Miguel Rojas Mix



Tengo como inveterada costumbre cuando me comprometo en una conferencia u otro ensayo, acercarme -Diccionarios mediante- a precisar los términos a que voy a referirme. Siempre me ha resultado iluminador.

Así, define el Diccionario de la Real Academia Española Compromiso: Obligación contraída, palabra dada, fe empeñada. Y Social, diciendo que alude al verbo socializar, y bajo éste se lee “Promover las condiciones sociales que, independientemente de las relaciones con el Estado, favorezcan en los seres humanos el desarrollo integral de su persona”. Curiosa limitación ésta. Los académicos de verba conservadora impusieron al socializar una salvaguarda ideológica, sacaron al Estado, seguramente para evitar que el concepto deslizara hacia socialismo. Limitación que no encontramos en ninguna otra lengua ni siquiera en otro de los grandes diccionarios castellanos como es el de María Moliner que dice simplemente: Socializar: Promover la adaptación e integración en la vida social de un individuo o de varios.

El sólo hurgar en los códigos del lenguaje me hizo ver que entraba en un terreno minado, advirtiéndome cuán difícil resulta hablar con imparcialidad del tema que voy a abordar. Ya en la definición misma de las palabras se planteaba la cuestión de la ingerencia o no del Estado.

Los conceptos de América Latina y el Caribe los he tratado ampliamente en un libro, Los cien nombres de América, al que me remito cuando aludo a ellos en esta charla.

Para cerrar estas reflexiones preliminares es todavía necesaria una reflexión sobre el contexto.

En esta jornada, que se realiza en la Universidad Federal de Minas Gerais con el patrocinio del IESALC (El Instituto de Educación superior de la UNESCO para América Latina y el Caribe) resulta oportuno recordar el mensaje de la UNESCO. Uno de cuyos principios axiales es promover una “educación de calidad igual para todos”. Principio pertinente para esta charla, pues es la base del compromiso social de todas las universidades.

Para comprender su alcance en el marco de la universidad latinoamericana es preciso agregar a este principio al menos dos vectores: el de finalidad y el de identidad. La finalidad de la universidad no es servir al capital privado, sino al bien público, recordando que dentro de éste está el capital privado, aunque privado de hegemonía y condicionado por otras prioridades propias de la universidad republicana. La identidad o las identidades son otro de los caballos de batalla de la UNESCO, las encontramos campantes en la cultura, relacionándose armoniosas en la diversidad cultural y fundamentales en la idea de paz...

¿En qué consiste, pues, el compromiso social de la universidad?

En realidad es un compromiso amplio que se extiende sobre diversos campos vinculados a la reproducción y perfeccionamiento del modelo social: la equidad, la ciencia, la eficiencia profesional, la cultura y la identidad, el pluralismo ideológico, la ética social, la conservación de la memoria histórica y de la universalidad del saber, y la creación de masa crítica.

Todo esto en el marco de un aggiornamiento permanente, que implica su actualización frente al avance del conocimiento, y nuevos diálogos con interlocutores que representan fuerzas de renovación social.

Finalmente, más allá del compromiso nacional, la universidad tiene un compromiso continental -por algo estamos aquí reunidos-. Compromiso que puede llegar hasta la integración, especialmente en un continente desunido por la economía y la política y unido por la cultura. Y desarrollar la cultura es misión de la universidad.

En este sentido la universidad tiene un papel protagónico en la integración. Emana este compromiso social de un mandato constitucional. El Estado delega una parte importante de su responsabilidad social en el aparato educacional; en particular en la educación superior. Misión social fundamental de la universidad pública es garantizar la igualdad de oportunidades. Otras misiones pueden ser incluso discordantes según las circunstancias. En cuanto aparato ideológico del Estado, la educación reproduce el modelo de sociedad establecido por la Constitución. En cuanto espacio de libertad intelectual y progreso orienta su acción a desarrollar el bien común, que es un bien social, y el pensamiento crítico –incluso en la disidencia en casos de Estados dictatoriales- para formar a los estudiantes en valores ciudadanos, democráticos y universales.

La educación pública es la que está al servicio de la nación; es por ello que es un bien público. Por cierto no quiere decir que no esté igualmente al servicio de la ciencia, la tecnología, la cultura y la empresa. Pero el desarrollo de estos campos son también de interés social y nacional.

Función esencial de la universidad pública en América Latina ha sido desarrollar la democracia. Ofrecer una educación que sea el principal factor igualitario de la sociedad moderna. La educación es el arma clave contra la desigualdad. Está llamada a eliminar las injusticias sociales en cada país y a reducir la distancia entre países pobres y países ricos.

La democracia convive mal con el mercado. La concepción neoliberal de la democracia parte de la teoría del equilibrio que garantiza que la economía de mercado regida por las leyes de la competencia perfecta tiende hacia el pleno empleo y la asignación óptima de los recursos, con la sola condición de que el Estado no intervenga en este proceso. Condición que la democracia tiene que hacer respetar aunque sea negándose a sí misma. Concluyen que este proceso consolida la democracia.

Pero la realidad de los hechos es muy otra. Nunca han existido tantas democracias en el mundo como hoy, lo que no ha impedido que las disfunciones económicas, nacionales y mundiales sean hoy más graves y numerosas: el paro que no cesa, el hambre, el aumento de las desigualdades. Muchos son los analistas que lo constatan. Cass Sunstein (Free markets and social justice, Oxford Press 1997) señala que la mundialización al operar en un espacio donde no existe Estado -el mundo- atribuye al mercado la totalidad de las funciones que aseguran el funcionamiento del sistema y al proceder de esta manera radicaliza la tendencia liberal de sustituir la democracia por el mercado y lo político por lo económico.

A la vez, no se puede olvidar que una política educativa que aspire a la igualdad de oportunidades sólo tiene sentido si se consigue manteniendo una alta calidad de la enseñanza. Tan absurdo sería repartir sin crecer como igualar por abajo a costa de la calidad. Garantizar la igualdad de oportunidades es tanto más importante en América Latina en cuanto esta es la región con mayores desniveles de ingresos en el mundo, pero garantizándola con una exigencia de excelencia.

Es evidente que el concepto de calidad varía con el tiempo y con el cuestionamiento social a que la educación superior tenga que responder. Si discutimos la educación desde su función integradora, en una comunidad iberoamericana, por ejemplo, la cuestión es saber qué es oportuno aprender hoy en América Latina. Una educación de calidad es aquella que permite a todos aprender lo que necesitan para el momento y la circunstancia en que viven. Aprender a valorar. Debe focalizar en primer término la pertinencia social e individual. Además de pertinente debe ser eficiente y eficaz: la eficiencia es una virtud, el talento de lograr un efecto determinado; la eficacia es una capacidad, la de obrar poderosamente.

El modelo educativo neoliberal sólo comprende la educación en términos de eficacia, olvida la eficiencia, la pertinencia y descontextualiza la función cognitiva (la separa de su responsabilidades sociales) en una óptica global multinacional. Y cuando discute calidad de la educación sólo considera factores de eficacia.

La educación en valores asocia la función cognitiva a una función formativa global capaz de promover vínculos con el entorno y entender sus fines en los contextos sociales y de época. Apunta, como veremos, a la formación del profesional social.

Por otra parte le educación de calidad no termina nunca, pues el mundo cambia y cada vez más rápido y el saber debe estar constantemente reciclándose porque la exigencia formativa aumenta día a día.

Por ello es necesario que el modelo universitario dote a los estudiantes de la capacidad de “aprender a aprender” para que sigan aprendiendo a lo largo de su vida. La universidad debe constituirse como una “aula abierta”. Por eso, no sólo se justifica la educación pública con un argumento de equidad, sino también de eficiencia: que la sociedad en la cual uno vive tenga un alto nivel educativo no sólo hace la convivencia más soportable, sino que nos enriquece a todos, a través de una mayor productividad.

Es indispensable hacer del capital humano el principal recurso de todos cuantos disponemos. Sólo así podremos pasar de la sociedad de la información a la sociedad del conocimiento. El capital humano es un elemento clave para alcanzar mayor productividad y para generar y adoptar nuevas tecnologías.

El conocimiento tiende a tener rendimientos crecientes porque puede conservarse, aumentarse, transmitirse y compartirse.

Cualquiera que sea el concepto de desarrollo que se asuma, la cultura desempeña un papel central, lo que confiere a la educación un valor esencial para el desarrollo cultural.

Y esto nos lleva al terreno de la cultura. Tres eran las funciones que Ortega y Gasset atribuía a la universidad: la enseñanza de las profesiones, la investigación científica y la transmisión de cultura.

La Universidad tiene diversas funciones culturales. La de difusión es particularmente importante en países o ciudades periféricas que tienen una limitada oferta para el esparcimiento al margen de la universidad. En este caso, el que la universidad cuente con un aparato cultural que irradie sobre la sociedad es de primera importancia. Instituciones culturales vinculadas a la universidad: editoriales, museos, teatros, música y danza tenemos cada vez menos, pero quedan algunas con enclaves culturales importantes. Esta misma universidad de Minas Gerais así como UNAM y la de Guadalajara en México son ejemplos destacados. Pero, sobre todo, es de particular importancia el desarrollo de la cultura como identidad.

La afirmación de la identidad en los estudios universitarios debe darle una conciencia critica al estudiante para que no caiga en una inmadura admiración por lo nuevo y lo que viene de fuera, antes de Europa, hoy especialmente de los EEUU. Y comprenda que una forma colonial del pensamiento y moderna del escolasticismo es repetir miméticamente como dogma de fe temas y conceptos avalados por autores centrales. También en la valoración del pensamiento hay centro y periferia. Esto obstruye la comunicación entre las aportaciones clásicas, el pensamiento universal y las de la rica y plural cultura latinoamericana.

Hoy, la amenaza de que en un mundo unipolar se imponga la cultura del hombre unidimensional aparece cada vez más evidente. Es por ello que es preciso, sin rechazar la tradición de las Luces, sin renunciar al imaginario de la modernidad, dar centralidad a la perspectiva de los márgenes, construir nuevos imaginario forjados en la relación entre las distintas vías a la modernidad. Es una pulsión fuerte en América Latina que se manifiesta en el neobolivarismo venezolano y en el renacer del indigenismo andino.

Ambas tendencias se definen por su rechazo del Consenso de Washington, que organizaba la integración de América Latina, en el marco del proceso de globalización. Márgenes que aparecen como nodos en el sistema global y que introducen en primer lugar una crítica al sistema de etapas de desarrollo, como único modelo de crecimiento.

Modelo éste que viene con la filosofía del progreso desde la Ilustración, con Vico y Herder. Se difunde en el siglo XX a través de los modelos civilizatorios occidentalistas, fundados en la morfología de la historia que anuncian la decadencia con Spengler y Toynbee y pasan al pensamiento económico a través de Rostow.

Respecto a la globalización, uno de los grandes temas de nuestro tiempo, la universidad debe discernir criterios de pertinencia. Para instaurarlos debe formar culturalmente y entender la cultura, la cultura como identidad.

Tal como la definió la Conferencia Mundial de la UNESCO sobre políticas culturales, celebrada en México en 1982. Sólo desde la cultura podemos crear criterios de pertinencia. ¿Qué son estos criterios? Simplemente las herramientas conceptuales, necesarias para saber discernir en ese enorme caudal de información que nos trae la globalización aquello que conviene a nuestro desarrollo y aquello que refuerza nuestra identidad. Sólo así podemos pasar de la sociedad de la información a la sociedad del conocimiento, que es la de la información seleccionada y procesada.

La Sociedad de la información es ancha y ajena, pero la sociedad del conocimiento puede y debe ser nuestra en un estado de derecho, la universidad pública tiene que ser abierta y pluralista. Abierta a la comunidad sin distinción de razas, clases sociales, o fortunas. Y, sobre todo, sin distinción de religiones.

Una universidad privada, en cambio, puede ser confesional y muchas lo son. La pública no. El que una universidad sea confesional forma parte de la libertad de enseñanza, pero no del pluralismo. La universidad pública tiene que practicar la tolerancia activa y, en cuanto servicio público, es ella la que puede asumir los principios de la UNESCO.

En los estados laicos es el Estado el que debe decidir de la formación del ciudadano. Formación no es adoctrinamiento. El tema de la educación para la ciudadanía ha demostrado en España lo que es el Estado laico y los peligros de la educación confesional. Atacando la ley por desterrar los valores de la cultura católica -según decían por imponer un curso de educación cívica y dejar como electivo el de religión, la corriente confesional acusaba: “Estamos en el origen de una suplantación cultural del humanismo cristiano que ha vertebrado Europa por un humanismo cívico y materialista que bajo un ropaje democrático oculta su totalitarismo de origen”.

La vieja tradición –en particular de la iglesia española- que buscaba la hegemonía dentro del aparato del Estado, parece estar de vuelta. No es de extrañar si pensamos que el pontificado de Benedicto XVI está derivando peligrosamente del conservadurismo al integrismo como se advierte en las constantes concesiones a los movimientos tradicionalistas, contrarios al Concilio Vaticano II. Pero incluso en Estados donde el laicismo no tiene objeciones –como en Francia- es difícil delimitarlo. La querella de los símbolos es un ejemplo

¿Qué es el laicismo, el ocultamiento de los símbolos, lo que en definitiva es un ocultamientos del otro, o la convivencia de todos los símbolos que implica que en un estado multiétnico la identidad nacional que consolida el cuerpo social, puede construirse sobre otras identidades que parten del respeto a las creencias de cada ciudadano?

Este es un tema particularmente importante en un mundo que se debate entre dos tendencias: la diversidad cultural que se hace cada vez más presente por las migraciones y la uniformización, a la que se tiende cada vez más por la globalización.

La diversidad cultural tal como lo estableció la convención de la UNESCO, en octubre del 2005 significa dos cosas: Integración en un marco más amplio y aceptación de las diferencias culturales. De paso es un claro rechazo a que las “actividades, bienes y servicios culturales sean tratados únicamente desde la perspectiva de su valor comercial”.

El laicismo es fundamentalmente el reconocimiento de la autonomía de lo político y civil frente a lo religioso. Es también una razón republicana, una determinada forma de entender la política democrática y una doctrina de libertad civil. Afirma que todos los hombres son iguales por su capacidad de participar en la formación de la voluntad general, independiente de sus características no políticas (religiosas, étnicas, sexuales, genealógicas, etc.)

Giner de los Ríos definía la universidad como la conciencia ética de la vida. La universidad debe revisar permanentemente el compromiso ético, a partir de los principios universales y los valores ibero- o latinoamericanos.

El respeto a la dignidad de las personas, los derechos humanos y la libertad, al Estado de derecho, la igualdad y la solidaridad son la base de nuestra identidad latinoamericana y el fundamento del orden político y la paz social. No son cuestiones estáticas sino que se relanzan permanentemente como respuesta a la activación de determinadas pulsiones políticas, de los efectos derivados de nuevas tecnologías y los movimientos de pueblos.

La ética y la formación en valores van de la mano con el pensamiento crítico. Por eso que resulta alarmante advertir -como se está planteando actualmente en España si pueden seguir manteniéndose titulaciones en las que apenas se matriculan alumnos. Expertos analistas universitarios han manejado el límite de 125 alumnos para que una titulación sea viable.

Esto implica la desaparición de muchas asignaturas. Entre ellas caería la filosofía. Sacar la filosofía de los planes de estudio es una forma de atacarse al pensamiento crítico. La filosofía tiene comunidad de origen con otra expresión que nos importa especialmente en América Latina: la democracia.

Nacieron juntas en una plaza de Atenas y lo que una expresa en el terreno de la política la otra lo manifiesta en el terreno del conocimiento. Los ciudadanos deben saber vivir y pensar racionalmente, sobre muchas cosas, pero en particular sobre el sentido último de la libertad, la igualdad, la solidaridad ciudadana y el bien común, y eso implica ser demócrata y también, a ratos, filósofo.

Desde el punto de vista de los valores la gama de responsabilidades es amplia: una de ellas es propulsar una cultura de paz. Para eso es necesario enfrentarse a todas las formas de irracionalismo, comenzando por las dictaduras y siguiendo por el terrorismo, pero también el irracionalismo económico que altera la paz social.

George Lukács, influyente pensador húngaro, nos hizo leer en los años cincuenta El asalto a la razón (Die Zerstörung der Vernunft, Berlín, 1952), un decisivo estudio sobre el irracionalismo en Occidente. Basta una mirada sobre la actual geopolítica del planeta para constatar con angustia el resurgimiento del irracionalismo bajo diversas formas, el irracionalismo étnico religioso, el irracionalismo económico imperialista, ambos expresados en el choque de civilizaciones. También el irracionalismo del neoliberalismo que privilegia el lucro del mercado por encima de las necesidades del ser humano.

La conservación de la memoria histórica es otra responsabilidad fundamental de la universidad. Para que la nación exista es necesario que se cuente. Si no se cuenta no construye una imagen que le permita hacerse. No hay posibilidades de crear sentimiento nacional sin un relato sobre los orígenes de la nación, sus cualidades únicas, sus héroes y sus hazañas; es decir, sin construir un imaginario. Refiriéndose al espíritu nacional, escribía Hegel que él se formaba por los pasos singulares que daba cada sociedad. Con la historia ese principio se convertía en la determinación de un peculiar espíritu nacional, que era el que imponía un sello común a su arte, su construcción política, su ética social, su sistema legal y sus costumbres y eventualmente a su religión.

Ese sello es lo que llamamos identidad. Las “ars reminescendi” que son las prácticas que recogen y transmiten conceptos, uniendo palabras e imágenes, se asocian a las “ars inveniendi” que son las fuerzas que atan, que unen para crear los “teatros de la memoria” que sirven para recordar el pasado. Eso si es necesario analizar cómo se cuenta la nación. Cada proyecto político lo hace a su manera. Voltaire desconfiaba (pensamiento critico) y advertía “Un historiador es un charlatán que hace triquiñuelas con los muertos”.

La sabiduría alude a la universalidad del saber. Señala Edgard Morin que la hiperespecialización generalizada, la división de los saberes según especialidades cerradas, más la orientación de la educación hacia el mercado, es decir marcada por el espíritu de lucro, provocan la pérdida de la solidaridad social.

Es necesario reivindicar la sabiduría como forma privilegiada del conocimiento. El cientifismo maniqueísta y la carrera curricular han llevado a una fragmentación cada vez mayor del saber. Lo cual no sólo nos aleja de la sabiduría, sino que dificulta el pensamiento crítico. Las ciencias se han vuelto tan especializadas y tecnológicas que se está perdiendo la pasión por el conocimiento. La sabiduría agrega a la erudición la experiencia. La sabiduría contiene la memoria histórica.

Hoy se quiere sustituir esta memoria por otra basada en el culto a una inteligencia tecnológica, numérica, digital, con lo cual la sabiduría pierde su lugar y su hegemonía para orientar el conocimiento.

La universidad debe responsabilizarse de que ambas inteligencias puedan no solo subsistir, sino que sumarse, puesto que el conocimiento pertinente se construye con ambas relanzar intelectualmente la universidad implica generar masa crítica. Y en un doble sentido.

En el de pensamiento crítico, que conduzca a la sabiduría de la duda, que es allí donde el individuo se encuentra con el otro, descubre la diversidad cultural, los derechos humanos y la importancia de la paz. Duda que él sea la medida de todas las cosas y desarrolla el respeto por el mundo entorno, a la vez que descubre la soberbia del individualismo y la importancia de la solidaridad ciudadana y la democracia.

¿Qué otra cosa es la democracia sino la duda de que siempre unos tengan razón y los otros estén siempre equivocados? En definitiva descubre la sabiduría para utilizar el saber en beneficio propio y en el interés de la raza humana.

Pero también hay que generar masa crítica para crear y avanzar en la civilización. El saber será el mayor factor generador de riqueza en este siglo y, probablemente, en los siguientes. La sabiduría que necesita una comunidad democrática es la sabiduría de toda la nación. Para ello se requiere una universidad abierta.

Actualmente un interlocutor cada vez más presente en la reflexión universitaria es la empresa. El diálogo universidad empresa parece indispensable para el aggiornamento de la educación superior y el desarrollo de la economía y tiene importantes consecuencias sociales.

En Europa (estrategia de Lisboa 2000/ Consejo de Barcelona 2002) se les ha dado particular importancia a las plataformas tecnológicas para mejor el futuro de la competitividad aumentado el gasto en I+D+i para convertir a Europa en la economía basada en el conocimiento más competitiva del mundo. Las plataformas tecnológicas plantean un reto especial.

Se basan en la capacidad de las empresas para asumir un papel de liderazgo para identificar necesidades futuras en el ámbito de la investigación y el desarrollo tecnológico que permitan definir estrategias a largo plazo. Esto implica un diálogo Empresa/Universidad para traducir las necesidades industriales en necesidades de investigación y los resultados de la investigación en aplicaciones útiles para la empresa. La Unión Europea ha vinculado la creación del espacio universitario europeo con los objetivos de Lisboa. Mejorar las salidas laborales de los titulados es uno de los objetivos prioritarios marcados en Londres en esta línea.

En el I Encuentro Internacional de Rectores de Universidades, en mayo del 2005 en Sevilla, el rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, recogió el modelo y abogó por “la búsqueda de un espacio de educación común que reconozca la diversidad, pluriculturalidad y etnias de todas las regiones de América Latina”. En febrero de este año, en Madrid, al inaugurar la fundación Ibero-UNAM, insistió en la creación de un espacio iberoamericano del conocimiento que, a modo del espacio europeo, establecería carreras equiparables que facilitarían a estudiantes y graduados moverse fácilmente entre Portugal y América Latina.

La creación de un espacio universidad empresa ha supuesto muchas criticas en sectores que temen una universidad al servicio de la empresa.

Críticas prácticas, que tienen que ver con la imposición de criterios comerciales en la vida universitaria. El punto de vista central de la educación neoliberal es el de la economía de mercado. Su tesis es que hay que integrarse a una economía basada en el uso cada vez más intenso (creativo) del conocimiento, y en una comercialización cada vez más competitiva.

Para lo cual la educación superior debe considerar criterios de competitividad y orientar sus curricula por ellos. Criterios como los que entrega el World Economic Forum (WEF) para ubicar a los países en un marco de competitividad global: Índice de innovación: capacidad de los países para crear nuevos productos, índice de transferencia: capacidad de los países para absorber conocimiento técnico, difundirlo y usarlo.

Criticas filosóficas y antropológicas: la ideología neoliberal que pone la ética del enriquecimiento privado por encima y a costa de todo, reduce la vida humana a un mero análisis de costes y beneficios que desemboca en un individualismo despiadado basado en el cálculo de las ventajas personales.

Es el neoindividualismo posesivo y consumista que configura la base antropológica y social de nuestra era. Una antropología que reduce y simplifica la visión compleja e integral del ser humano. Creando nuevos excluidos, los parias del mercado, que son “prescindibles” para el sistema.

El consumismo se convierte en el criterio más importante de inclusión o exclusión. Así se destruye la dimensión colectiva solidaria y democrática. Frente a esta circunstancia, en el marco de su responsabilidad social, a la universidad, se le plantea una cuestión ética y curricular.

Desarrollar un neohumanismo que se enfrente a este neoindividualismo, y que forme la conciencia del profesional social en la ética de la inaceptabilidad de considerar a cualquier ser humano “prescindible”.

La consecuencia de esta filosofía es una frase que se le escapó a la reciente ministra de economía del actual gobierno francés, que llamó a los franceses a trabajar más y pensar menos.

Criticas sociales. El profesionalismo competitivo, idea que orienta la educación neoliberal, rompe las pasarelas de la solidaridad y puede conducir  la formación de conductas depredadoras. No hay que olvidar que el filósofo guía de la economía de mercado es Hobbes ¡Y en su Vulgata!: El “Homo homini lupus” y “Bellum omnium contra omnes” Es de la naturaleza del ser humano -transmite- estar en continuo estado de guerra con los demás.

Y volvemos a nuestras palabras iniciales con algunas pregunta: El derecho que quisiera garantizar la UNESCO: “una educación de calidad igual para todos”, ¿Es posible realizarlo si nos confiamos más y más en la educación privada? ¿Si aceptamos como lo ha declarada la OMC que la educación superior es un bien de mercado?

Por otra parte si queremos acercarnos a esta idea en el marco de la responsabilidad social ¿Cuál es la finalidad? El planteamiento central es concebir una educación moderna, pero teniendo en consideración las exigencias de la sociedad y las del mercado.

Se trata de formar un profesional-social. Intelectualmente preparado para ejercer con eficiencia destrezas profesionales y conscientemente formado en sus deberes solidarios de ciudadano, de latinoamericano y de ser humano.

Para formar al profesional social son necesarios dos tipos de contenidos: unos podemos llamarlos saberes y otros habilidades.

        Los saberes son la erudición y se adquieren mediante la instrucción, a través de las asignaturas habituales.

        Las habilidades, que comprenden hábitos y destrezas, se desarrollan con la educación que, aunque se basa en la instrucción, tiene que ver con otra dimensión del conocimiento: la familiaridad. La vividura que hace inteligible la erudición, y genera destrezas personales, dándonos habilidades y sensibilidades –como el dolor ante las injusticias-, desarrolla virtudes cívicas que nos ayudan a conducirnos en la vida social.

Las habilidades no se transmiten con facilidad mediante las asignaturas porque exigen procedimientos vivenciales, donde el afecto, el compromiso y la participación activa son condiciones esenciales para su adquisición.

La educación del profesional social requiere la formación en una cultura social, compuesta de valores y abierta al entorno que predisponga a una participación social en servicio de la comunidad.

Por otra parte nunca hemos tenido mejores condiciones de hacer realidad la posibilidad de crear una universidad latinoamericana. Esto está ahora perfectamente a nuestro alcance si la pensamos como una universidad virtual, que además podría establecerse on-line sobre grandes redes multidisciplinarias de profesores y estudiantes de distintas universidades.

Finalmente quisiera proponer 9 constataciones para pensar la Universidad Latinoamericana del siglo XXI, su compromiso científico y su compromiso social: ya que ambos constituyen su compromiso académico:

1. Hay que avanzar mucho más en el campo de la investigación, el desarrollo, la innovación científica y tecnológica.

2. Por otra parte es necesario detener la fragmentación del saber que conduce al aislamiento del pensamiento y del académico, que quiebra la unidad de las ciencias y escinde el mundo universitario en universidades literarias y politécnicas. Los avances del pensamiento y de la ciencia nos muestran una caída de las barreras del conocimiento fragmentado. El futuro está en trabajar en redes pluridisciplinarias.

3. Vemos que esta fracasando un sistema educativo que no es capaz de ir acortando las brechas sociales y las desigualdades. Los estudiantes pobres tienen derecho a buenas universidades públicas. El país necesita la inteligencia de todos y no puede permitirse considerar una parte de la población como desechable.

4. Constatamos que nuevos métodos se imponen en la enseñanza. e-lerning y master on-line están revolucionando los modos de aprendizaje. El futuro parece abierto y no podemos todavía precisar los límites de su capacidad educativa, vinculada a mayores y nuevas destrezas de los cibernautas ¿Qué ocurrirá cuando tengamos jóvenes que hayan aprendido jugando? En diez años llegará a las universidades la generación de la videoconsola, que sin lugar a dudas buscarán un aprendizaje mucho más dinámico, colaborativo y libre. Querrán una educación sin la liturgia de la clase, disciplina ni orden. Crecidos en la interactividad les resultará difícil volver a la pasividad del puro tomar apuntes. Por otra parte, ingenuamente hablamos de internet como si fuese una tecnología madura, pero en realidad acaba de salir de la infancia. No sabemos a dónde nos puede llevar.

5. La necesidad de valorar el pensamiento y la cultura propios, lo que implica afirmar la identidad como barrera contra el colonialismo intelectual.

6. Si casi hasta la década del 90 del siglo pasado el mayor problema de América Latina era el autoritarismo, el gran problema actual son las desigualdades. Si éste no se resuelve pueden surgir nuevamente tentaciones autoritarias.

7. Al margen de la universidad neoliberal es preciso encontrar plataformas de acuerdo entre la universidad y la empresa.

8. Falta de motivación de muchos universitarios ante unos estudios que a menudo no desembocan en un futuro profesional, lo que los lleva a seleccionar titulaciones de acuerdo a los mismos criterios de mercado.

9. Finalmente, siempre he lamentado no conocer suficientemente la geografía universitaria latinoamericana. Un Mapa de la educación superior de América Latina y el Caribe, como el que está realizando actualmente el IESALC me resultaría del mayor interés.

*MIGUEL RO JAS MIX:

Nacido en Chile, escritor e historiador. Licenciado en Derecho y Profesor de Estado en Historia de la Universidad de Chile, Doctor en Filosofía en la Universidad de Colonia (Alemania) y doctor de estado ès lettres en la Sorbona. Catedrático de la Universidad de Chile y Director del Instituto de Arte latinoamericano de la Universidad de Chile. Sale al exilio en 1973. Desde entonces ha sido profesor en la Sorbona (Paris), Director de Investigación en el Instituto de Altos Estudios de América Latina

y profesor en diversas universidades europeas y americanas. Es Doctor Honoris Causa de las Universidades de Córdoba, Rosario, Mar del Plata, Tucumán, Salta y Entre Ríos en Argentina, de la Universidad Federal Rio Grando do Sul en Brasil, de la Universidad de Guadalajara en México, de la Universidad de Santiago en Chile, de la Universidad de Dresde en Alemania. Actualmente dirige el CEXECI: Centro Extremeño de Estudios y Cooperación con Iberoamérica. Es autor de numerosos libros. Entre ellos destacan: La plaza mayor, el urbanismo instrumento de dominio colonial, Muchnik, Barcelona 1978; Los cien nombres de América, Lumen, Barcelona, 1991, y América imaginaria, Lumen 1992; El imaginario civilización y cultura del siglo XXI; Prometeo 2006; Siete preguntas a la educación superior del siglo XXI, 2006 y El Dios de Pinochet. Taller También cultiva la literatura infantil y en este género su libro más destacado es La Tierra de Paloma: Pequeña historia de América Latina para nuestros hijos en exilio.

Conferencia realizada en la Facultad de Derecho de la UNR, año 2008


Fuente: http://b1.wikispaces.com/


 

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